Sara Krulwich/The New York Times


Una de las cosas más alucinantes de ir al teatro en Nueva York o Londres es la posibilidad de encontrar sobre el escenario estrellas globales a las que, en nuestro país, solo podemos aspirar a ver en las pantallas. Los “televisivos” de Broadway y el West End acostumbran a ser rostros conocidísimos que, además, tienen una técnica interpretativa impecable sobre las tablas. Así, la calidad de su trabajo hace que acudir a verlos sea algo más que un acto de frivolidad o mitomanía. Y Bryan Cranston en Network un ejemplo buenísimo de esto.

Network, que adapta al teatro la película homónima de 1976, es una producción del National Theater de Londres, donde se estrenó en 2017, y que en su salto a Broadway ha cambiado todo el reparto excepto a Cranston (que, por cierto, ganó el premio Laurence Olivier en 2018 por este trabajo). El drama arranca cuando un canal de noticias en crisis decide despedir a su histórico presentador (Cranston), que lleva 25 años en antena, debido a sus bajos índices de audiencia. La reacción del presentador, que decide volcar su frustración y su rabia en forma de arenga en directo durante uno de los últimos telediarios que presenta, dispara la audiencia, hecho que una joven y ambiciosa productora aprovecha para convencer a los jefes del canal de que puede convertir al presentador en un fenómeno de masas. Así, el ex presentador de noticias se convierte en una especie de telepredicador dedicado a canalizar la frustración del hombre de clase media bajo el lema: “Estoy muy cabreado y ya no aguanto más”. Sus discursos viscerales, erráticos, explosivos, demagógicos y populistas (cada vez más guionizados por el canal) se convierten en un fenómeno que nadie, ni la cadena, ni el propio presentador, parecen poder controlar.

Network es un texto visionario, que sorprende por su absoluta lucidez. A pesar de estar escrito en la década de 1970, mucho antes del advenimiento de Internet y todos sus males, constituye un acertado retrato de la actual crisis del periodismo y es incluso capaz de anticipar cómo esta crisis acabará dando alas al peor populismo, todo en aras de los sacrosantos índices de audiencia. Así, Network avisaba ya entonces de que el modelo capitalista sería la tumba donde se enterrarían la ética y la independencia de los periodistas. Y, visto lo visto, no iba desencaminada. Del mismo modo, el texto también nos presenta al hombre blanco cabreado como el más firme candidato a caer en manos del filofascismo y la demagogia y abrazar ideas bastante cuestionables solo porque está eso, “cabreado” (¿os suena?). 

El montaje remata con una elocuente coda después del saludo final. Un vídeo en el que se veían una detrás de otra la jura de los últimos seis presidentes estadounidenses: Reagan, Bush (padre), Clinton, Bush (hijo), Obama y Trump. En el teatro reinó un respetuoso silencio hasta que aparecieron Obama, que despertó una ronda de aplausos, y Trump, que fue sonoramente abucheado. Reacciones del público aparte (esperables en Nueva York, territorio demócrata y progresista) las imágenes de las juras de estos seis presidentes constituían un excelente resumen de la historia reciente. Uno bastante deprimente.

Sobre el escenario, Bryan Cranston nos obsequió con una auténtica lección de interpretación en el papel del presentador desquiciado cuya locura va in crescendo a lo largo de toda la obra. Su personaje tiene en todo momento un punto muy oscuro, un fondo de depresión e infinita tristeza cubierto por capas de falsa seguridad e histrionismo. Su trabajo es potente y directo, muy cercano al público, al que interpela directamente a menudo, hasta el punto de hacer una escena de improvisación en platea hablando con algunos espectadores. En el resto del reparto destacan Tony Goldwyn (aka, el malo de Ghost), en el papel de director del telediario y mejor amigo del protagonista que asiste impotente al devenir de los acontecimientos, y Tatiana Maslany (a quien tal vez hayáis visto en Orphan Black), en el papel de la productora ambiciosa y workahólica dispuesta a vender a su madre por un punto más de audiencia.

Por su parte, Ivo Van Hove, director del montaje, aprovecha el contexto televisivo para introducir cámaras en directo (que emiten planos subjetivos e incluso acompañan a Goldwyn y Maslany en un paseo por la acera fuera del teatro) y una estrecha pecera donde los realizadores y productores de los programas se apiñan durante las “emisiones” para dar más dramatismo a las escenas. La escenografía se completaba con una barra y unas mesas de bar ocupadas por espectadores en un lateral, que proporcionan ambiente para algunas escenas.

Puedo entender perfectamente que en el contexto político y social de los últimos años en Reino Unido (Brexit) el National Theater decidiera poner en pie este proyecto, del mismo modo que entiendo que viajara a Estados Unidos (Trump). De hecho, Network me parece un ejemplo excelente de cómo hacer teatro mainstream, pensado y diseñado para llenar plateas y ganar dinero, con mucho presupuesto y grandes estrellas y, aún así, hacer un montaje comprometido y político que se moja con temas importantes y aborda problemas del aquí y ahora. Un ejercicio interesante.

[Al plantearme en qué idioma escribir sobre el teatro que se hace en Nueva York, me he decantado por el español, porque su uso está muy extendido en esa ciudad.]

Network

Guión para teatro: Lee Hall. Guión para cine: Paddy Chayefsky. Director: Ivo Van Hove. Intérpretes: Bryan Cranston, Tony Goldwyn, Tatiana Maslany, Joshua Boone, Alyssa Bresnahan, Ron Canada, Julian Elijah Martinez, Frank Wood, Nick Wyman, Barzin Akhavan, Jason Babinsky, Camila CanÓ-FlaviÁ, Eric Chayefsky, Gina Daniels, Nicholas Guest, Joe Paulik, Susannah Perkins, Victoria Sendra, Henry Stram, Bill Timoney, Joseph Varca, Nicole Villamil y Jeena Yi. Diseño de escenografía y luces: Jan Versweyveld. Diseño de vídeo: Tal Yarden. Diseño de vestuario: An D’Huys. Música y sonido: Eric Sleichim. Producción: David Binder, The National Theatre, Patrick Myles, David Luff, Ros Povey y Lee Menzies. 

Sala: Belasco Theatre. Fecha: 11/04/2019. Fotografía: (c) Sara Krulwich/The New York Times.

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