Conexión Nueva York: Sleep no more

Sleep no more es un espectáculo inclasificable a medio camino entre el teatro inmersivo, el itinerante y la danza. La acción transcurre en un edificio de cuatro plantas (¿o eran cinco?) por el que el público puede moverse libremente durante tres horas, con la única obligación de llevar una máscara neutra que oculta su identidad.

Esto es casi lo único que debes saber de Sleep no more si piensas ir como público. No tener muy claro dónde te metes e irlo descubriendo sobre la marcha forma parte de la gracia del espectáculo, así que si estás pensando en ir, solo te diría un par de cosas más: uno, Sleep no more no está pensado para dar miedo, no es un pasaje del terror en el que saldrá gente por sorpresa de una esquina para ver si te da un infarto, recuérdalo cuando estés allí. Y, dos, no hay una forma única ni “correcta” de disfrutarlo, se trata de tirar de instinto y hacer lo que te apetezca en cada momento; es la única forma de no salir de allí pensando que te has perdido algo. Y, lo más importante: ponte zapatos cómodos. Sea como sea, te aseguro que acabarás subiendo o bajando escaleras a toda velocidad, así que no vale la pena complicarse la vida. Y hasta aquí si estás pensando en ir. Yo no te recomendaría seguir leyendo.

Para los que no, ¿qué es exactamente Sleep no more? PuesSleep no more es una versión muy libre y sin texto de Macbeth (¡siempre Shakespeare!), que transcurre en un edificio en el que todas las habitaciones de todas las plantas son distintas entre sí. La lista de espacios es larga, hay dormitorios, cementerios, bosques, tiendas, un hospital, una capilla, salones, bares, un laboratorio fotográfico… En todos ellos la escenografía esta cuidada hasta el más mínimo detalle, de manera que cada vez que cambiamos de habitación encontramos cosas que no habíamos visto antes y que aportan matices al relato.

Al llegar al edificio, que se supone que es un hotel, hay que dejarlo todo en el guardarropa, pasar por el bar para tomar una copa, si nos apetece, ponernos la máscara que nos dan y, solo entonces, podemos empezar a explorar. A partir de ese momento somos completamente libres de hacer lo que queramos: pasear por los distintos espacios, seguir a los actores que irán apareciendo por sorpresa, quedarnos en un solo punto…

El ambiente general es oscuro y gótico, con un punto inquietante. Al fin y al cabo, estamos ante un Macbeth, un texto donde la magia, la superstición y lo sobrenatural tienen un papel importante. Sin embargo, Sleep no more no se ambienta en la edad media, sino a principios del siglo XX, lo que le da la conjunto un toque de glamur chic y cine negro muy adecuados. De hecho, este ambiente y la intención de generar cierta inquietud al principio no deja de ser una forma de atrapar a los espectadores, de mantenerlos alerta y, por qué negarlo, de evitar que se desmadren. Un poco de miedo, cierta sensación de inseguridad, es un buen ingrediente para que a la gente, amparada y protegida en el anonimato de la máscara, no le dé por increpar a los intérpretes, colarse por puertas que no deben o empezar a molestar. Por otro lado, a pesar de que la máscara no deja de ser incómoda, entiendo que sirve para que el público no se sienta cohibido (ni se distraiga) en presencia de los actores ni del resto de espectadores.

El espacio está habitado por un número importante de intérpretes que aparecen por sorpresa y desaparecen casi siempre a la carrera (normalmente perseguidos por una horda de espectadores). Desconozco el número exacto de intérpretes que trabajan en cada pase, pero yo apostaría por unos 15, tal vez más, todos ellos bailarines que actúan solos, en pareja o en grupo, dependiendo de la escena, y que nos explican la historia solo con sus cuerpos y, a menudo, a escasos centímetros del público al que, a veces, tienen que apartar.

La máscara que lleva el público en Sleep no more

Con estos ingredientes, cada persona que asiste a Sleep no more ve una historia distinta dependiendo del camino que recorra, los personajes con los que se cruce, las escenas que pueda o decida ver y su comprensión de lo que esté viendo, ya que todas las escenas son evocadoras e interesantes por sí mismas, pero, a veces, cuesta encontrar un hilo o cierta continuidad entre ellas (a no ser que apuestes por un único personaje y lo persigas todo el tiempo).

Confieso que salí de Sleep no more con ganas de volver a entrar, de emprender otro viaje, de explorar otras zonas y ver otras escenas, de conocer a otros personajes. Y es que eso también forma parte de la gracia de este espectáculo, la sensación de que es inabarcable, de que contiene todo un universo y de que, al fin y al cabo, no deja de ser un juego al que resulta muy divertido jugar. Suerte que no tenemos Sleep no More en Barcelona, porque creo que me tendrían que sacar de allí a rastras.

[Al plantearme en qué idioma escribir sobre el teatro que se hace en Nueva York, me he decantado por el español, porque su uso está muy extendido en esa ciudad.]

Sleep no more
Compañía Emursive
Dirección: Felix Barret y Maxine Doyle. Intérpretes: Ingrid Kapetyn, Stephanie Crousillat, Zina Zinchenko, Will Seefreid, Thryn Saxon, Layne Paradis Willis, Pil Jeong, Sean Higgins, Gys De Villiers, Brandon Coleman, Kayla Farrish, Omri Drumlevich, David Botana, Mia Mountain, Stephanie Jean Lane, Mitchell Winter, Peter Farrow, Anna Schnaitter, Andy Talen, Bostyn Ashjian, Matthew Perez, Marija Obradovic, Bre Short, Jack Blackmon, Lindsey Matheis, Eric Jackson Bradley, Mallory Gracenin, William Popp, Jason Cianciulli, Audrey Rachelle, Ruth Howard, Tiffany Ogburn, Umi Akiyoshi, Evan Fisk, Assaf Salhov, Gage Self, Chelsey Ng, Camara McLaughlin, Erik Abbott-Main, Stephanie Amoroso, Phil Atkins, Ernesto Breton, Nate Carter, Doug Burkhardt, Marc Cardarelli, Evelyn Chen, Jeff Docimo, Kate Douglas, Andrea Farley Shimota, Ilana Gilovich, Adam Griffith, Ginger Kearns, Marissa Maislen, Virginia Logan, Ben McHugh, Parker Murphy, Karen Marie Richardson, Joe Poulson, Jenna Saccurato, Tori Sparks, Kristen Stuart, Risa Steinberg, Isabel Umali, Amadi Washington, Isadora Wolfe y Debra Zalkind. Design: Felix Barret. Livi Vaughan y Beatrice Minns. Coreografía: Maxine Doyle. Diseño de sonido: Stephen Dobbie. Diseño de luces: Felix Barret y Euan Maybank. Diseño de vestuario: David Israel Reynoso. Ligthing Co-Design: Austin R. Smith. Associate Costume Designer: Becka Landau. Assistant Designers: Zoe Franklin y Lucia Rosenwald. Associate Coreographer: Conor Doyle. Senior Event Manager: Carolyne Rae Boyd. Production Consultant: Colin Nightingale.
Sala: McKittrick Hotel. Fecha: 14/04/2019. Fotografía: (c) Alick Crossley.

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