El contrato

El contrato recupera un texto inédito del año 1973 escrito por la dramaturga madrileña Carmen Resino. Y eso, como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas.

El contrato plantea ideas feministas que hay que enmarcar en el contexto de la época en el que fue escrito. Dos mujeres viven juntas en un piso en el que hay un tabique que lleva ahí toda la vida. Un tabique que están intentando echar abajo, pero que, por muchos motivos no pueden. Les da miedo lo que pueda haber al otro lado y, también, lo que diga el casero, un hombre que las visita de vez en cuando. Esta gran metáfora del encierro que vivimos las mujeres en una sociedad patriarcal está bien planteada, pero, al mismo tiempo, la obra tiene algunos matices desconcertantes en el momento actual. El principal es la relación entre estas dos mujeres, dos mujeres que se aman y se odian con una intensidad desbordante, de una manera tóxica y desasosegante. Jasica y Nora, las protagonistas, viven conflictuadas por su relación con los hombres. Un marido que abandonó a Nora llevándose a su hijo tras dejarse llevar por los comentarios de Jasica, presumiblemente celosa de su relación. Esta traición hace que ambas estén en permanente desacuerdo. Cuando una se decide a tirar el muro la otra huye, y viceversa.

El montaje, dirigido por María San Miguel, es visualmente interesante. San Miguel logra aterrizar en el espacio un texto marcadamente metafórico, y lo hace con la ayuda de un par de sillas, unas proyecciones y el minucioso trabajo interpretativo de Alba Muñoz y Sonia Pérez, lo mejor de la función, dos actrices precisas, contenidas y con una presencia potente en escena, en un espacio como el Àtic 22, que no deja espacio para el artificio. También es un acierto la idea de vincular ese no lugar con el ahora mismo. Un discurso del líder de Vox en uno de los clímax del texto funciona como bofetada eficaz para quien pudiera pensar que los conflictos que atraviesan a estas dos mujeres nos resultan ya lejanos y ajenos. No es así. Sin embargo, la falta de sororidad patente entre Jasica y Nora, que atraviesa también toda la pieza, resulta dolorosa, violenta y complicada de manejar como espectadoras, lo que nos deja un sabor agridulce, extraño.

El contrato resulta más interesante como pieza académica que como espectáculo actual. El mérito de recuperar un texto de autoría femenina que quedó en un cajón queda empañado en parte por la naturaleza ambigua de este, que transmite unas ideas que, en algunos momentos, nos resultan superadas o claramente conflictivas. A pesar de todo, el montaje tiene momentos brillantes, hipnóticos e interesantes. Estaremos atentas a los próximos montajes de Teatro de la Riada.

El contrato
Compañía: Teatro de la Riada. Autoría: Carmen Resino. Dirección: María San Miguel. Interpretación: Sonia Pérez y Alba  Muñoz. Vestuario y escenografía: Juan Carlos Mora. Diseño de luces: Ingrid Espín. Asesoría pedagógica: Karmen abarca. Fotografia: Gema graciano y Luis  Gaspar. Vídeoarte: Isaki la cuesta y Alba  Muñoz. 
Sala: Teatre Tantarantana. Àtic 22. Fecha: 14/11/2019. Fotografía: (c) Gema Graciano y Luis Gaspar.

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