El percebeiro

El percebeiro ha sido la única obra que he visto en los últimos quince días. Es cierto que me habría gustado poder ir a ver más cosas pero, ante la imposibilidad, haber visto precisamente esta me dotó de suficientes imágenes y suficiente poesía como para pasar los días de abstinencia forzada con un bello lugar mental al que volver.

David Menéndez se deja el cuerpo en un espectáculo que es teatro y es danza y es performance. Un espectáculo que reivindica la fragilidad humana desde la fuerza, la caída desde la resistencia y la belleza desde la imperfección. Con solo su propio cuerpo, una enorme lámpara, algo de vestuario y unas copas, Menéndez expone una visión del mundo cargada de poesía, honestidad y humor.

Todo arranca con un hombre que baja una escalera con ritmo pausado y movimientos extraños, animales, a medio camino entre el caballo y el ave, mirada directa, limpia y lúcida, las manos deformadas. Un hombre que nos hablará de los percebeiros, que se cuelgan de las rocas con solo una cuerda y la convicción de que no van a caer, para arrancar percebes de la roca viva, a merced de las inclemencias de un mar embravecido. Y así, empezando por los percebeiros, arranca un relato en el que el objetivo es conectarnos con nuestra propia humanidad, con la fragilidad que nos configura como seres que deciden no caer, pero también con la libertad de decidir si lo hacemos.

En escena, un David Menéndez inmenso, increíble, apoteósico, divertido, cómplice, travieso, duro, ingenuo, roto, potente. Un intérprete hecho espectáculo, ya que nada de lo que vemos funcionaria sin la alquimia que aporta su trabajo y su entrega.

El percebeiro es poesía y como tal hay que sumergirse. Un espectáculo extrañamente hipnótico e inmersivo, distinto a casi todo, pero profundamente teatral. Un viaje al centro de nosotros mismos que, sin duda, vale mucho la pena.

 

El percebeiro y otros relatos de la filosofía del no me voy a caer

Dramaturgia e interpretación: David Menéndez. Catalizador escénico: Jorge Gallardo. Escenografía y vestuario: Judit Colomer Mascaró. Asistente de dirección: Lua Anaya. Diseño de luces: Ana Rovira. Una producción de David Menéndez y Amici Miei Produccions.

Sala: La Gleva. Fecha: 13/12/2018.