Hamlet/Segismundo

Los clásicos llegan a serlo porque logran, no solo conmover y apelar a sus espectadores contemporáneos, sino también a los que vienen después, a los que ya no comparten tiempo, y tampoco espacio, con los creadores. Son obras que contienen verdades o reflexiones interesantes y profundamente humanas y es por eso por lo que, en general, evocan cosas distintas a cada receptor que, inevitablemente, y debido precisamente a esa distancia con el tiempo y el espacio del autor, lo pasa por el tamiz propio de una forma más descontextualizada que las obras contemporáneas.

Y eso es lo que lleva, supongo, a tantos creadores a volver una y otra vez a los clásicos para compartir con el mundo su visión y su lectura. Pero, por desgracia, eso también hace que, en ocasiones, los clásicos se vean como un cajón de sastre en el que todo vale, como discursos a los que se les puede hacer decir cualquier cosa, porque todo lo contienen, como textos que pueden despiezarse y reordenarse hasta el infinito. Y, por desgra no es así.

Esto es lo que sucede con Hamlet/Segismundo, una propuesta de la Companyia Ensemble basada en la idea original de sus dos intérpretes principales, Pol Forment y Alberto Trejo, y dirigida por Loredana Volpe. Es obvio que el montaje surge de una necesidad de transmitir la agitación emocional que provocan en muchos de nosotros los clásicos, esa necesidad de gritarle al mundo que hemos visto o entendido algo especial después de atender a determinado autor o personaje. Sin embargo, el resultado, resulta mucho menos interesante que la propuesta sobre el papel. Y es que intentar amalgamar dos obras tan complejas pero tan dispares como Hamlet y La vida es sueño en un único texto que, además, incluye un aparte sobre la filosofía de Schopenhauer y un juego de espejos entre intérpretes y personajes es una jugada, por lo menos, muy arriesgada.

La excusa central para la amalgama es la idea de libertad idea que, si bien aparece en ambos textos, no es central a ninguno de los dos y se aborda de maneras distintas. Por otro lado, la mezcla de frases, momentos, personajes y situaciones es tan caótica desde el inicio que, por momentos, parece que el montaje se ha armado agarrando las frases que más convenían en cada réplica, vinieran de donde vinieran, para dar forma a la tesis de los autores que, entre todo el juego estilístico, cuesta bastante de dilucidar.

Por otro lado, cuando unos intérpretes se enfrentan a una obra con tantos referentes y discursos superpuestos, tienen que ser capaces de insinuar más que decir, además de recitar los versos con precisión absoluta, pero lo que vimos fueron unas interpretaciones afectadas y planas y un recitar mecanizado, poco orgánico y con pausas descorcentantes.

Hamlet/Segismundo es un montaje ambicioso, intelectual y denso que desgraciadamente no logra alcanzar sus objetivos autoimpuestos. Una lástima.

 

Hamlet/Segismundo

Una producción de la Companyia Ensemble. Idea original: Pol Forment y Alberto Trejo. Dirección: Loredana Volpe. Intérpretes: Pol Forment, Alberto Trejo y Núria Llausí. Música y espacio sonoro: Núria Llausí. Guia de la creación: Aljandra Jiménez. Escenografía: Javier Sanagustín. Diseño y confección de vestuario: Javier Sanagustín y Loredana Volpe. Diseño gráfico e iluminación: Loredana Volpe. Fotografía: Marta Devesa. Trailer: Marc Rider y Jordi Rojas. Ayudante de dirección: Miriam Bartés. Producció executiva: Héctor Vidondo. Comunicación: Helena Gràcia. Asistencia de movimiento: Xavier Pàmies. 

Sala: Teatre Eòlia. Fecha: 15/11/2018. Fotografía: (c) Marta Devesa.

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