Lisístrata. De qui és la guerra?

El domingo pasado fue la primera vez en mi vida que entré en una prisión. Por eso, cuando Xantal Gabarró (actriz, creadora y experta en teatro social) me invitó a ver el trabajo de creación que ha estado llevando a cabo durante los últimos seis meses con un grupo de internos de la prisión de Brians 2, donde trabaja como monitora artística de teatro todos los fines de semana, no dudé ni un segundo en aceptar. Porque hasta ahora había tenido el privilegio del desconocimiento, y pensé que ya iba siendo hora de renunciar a él.

Jamás pensé que la primera vez que entraría en una cárcel sería para ver una pieza de teatro (en realidad, jamás pensé que entraría en una cárcel para nada), pero menos aún que la pieza no sería un clásico o una versión o algo de repertorio o, al menos, algo sencillo, sino una pieza original creada e interpretada por los propios internos.

Antes de entrar en materia, solo un apunte que considero interesante. Si solo nos basáramos en la infraestructura, ver teatro en una cárcel se parecería a verlo en un centro cívico: un escenario a la italiana de un tamaño más que razonable, asientos de plástico sobre una platea inclinada, una dotación de luces modesta pero eficaz, un equipo de sonido solvente y un presupuesto bajito para escenografía y vestuario. La diferencia, entonces, radica en que para entrar en una cárcel hay que dejarlo todo en una taquilla de esas que funcionan con monedas (y todo es todo, desde el móvil a cualquier otro objeto que lleves encima, ni siquiera un bolígrafo está permitido), entregar tu DNI a los funcionarios y avanzar en grupo con el resto de las visitas mientras se abre y se cierra una puerta tras otra (nunca se abre una antes de que se cierre la siguiente) y atraviesas módulos y espacios rodeados de altos muros rematados con concertinas. Así, ver teatro en la cárcel sería como verlo en un centro cívico si no fuera porque, una vez dentro, es imposible obviar el hecho de que estás en un recinto habitado por personas que no pueden salir de él. Y no os negaré que impresiona.

Pero, por suerte, una de las virtudes del teatro es que arraiga en cualquier entorno. Incluso en el más hostil a priori. Y eso sucedió con Lisístrata. De qui és la guerra? la creación colectiva de la compañía Sota Mínims Teatre (integrada por internos de la prisión de Brians 2) basada en el clásico de Aristófanes.

El montaje se desarrolla en diez capítulos que alternan comedia y distensión con drama e introspección. En este contexto, Lisístrata es el relajo cómico en el que los intérpretes se visten de mujer, bailan las Spice Girls y, como en el clásico griego, planean cómo detener la guerra que están llevando a cabo los hombres. Pero, al mismo tiempo, también es la metáfora de la situación que viven los protagonistas en la realidad: sus mujeres, las mujeres de los presos, se enfrentan a la vida fuera en solitario mientras ellos, los hombres, libran su propia guerra entre las cuatro paredes de la cárcel. 

            Así, cuando se quitan la peluca y el vestido, los internos cambian de tono y de actitud para hablar directamente a público y expresar sus sueños, sus ideas sobre el futuro, sus sentimientos por las mujeres que dejaron fuera (madres, hijas, parejas, hermanas, amigas), sus miedos, sus esperanzas, sus pesares, sus reproches. En un tono íntimo, con una generosidad y una entrega indiscutibles, el grupo formado por José, Luís, Chema, Willian, Miguel, Andrés, Sergio y Luigi se desnuda metafóricamente y nos permite vislumbrar todo el dolor, toda la rutina, todo el miedo que conlleva la privación de libertad. En estas partes del espectáculo también oímos la voz de ellas, de las mujeres de afuera, que, en forma de carta, expresan su amor, su esperanza, su orgullo, su fe en que todo mejorará. Estos episodios están apoyados, además, por fragmentos de vídeo realizados también por los internos: entrevistas entre ellos, textos, imágenes…

            La puesta en escena es sencilla, pero eficaz. Para las escenas de comedia, escenografía de cartón que simula una casa griega de piedra, vestuario de mujer y voz proyectada, para las escenas de drama escenario vacío, su ropa habitual, a veces sillas o vídeos y voz amplificada. Para la comedia, lo que entenderíamos como teatro convencional, para el drama, teatro de movimiento, expresión corporal. En ambos casos implicación sin fisuras y entrega total de los intérpretes que, aun siendo amateurs, pasearon por aquel escenario de terrazo más verdad de la que se ve en algunas salas profesionales en toda una temporada.

            Así, Xantal Gabarró  ha dado forma a una pieza emotiva, interesante y equilibrada. Por un lado, Lisístrata. De qui és la guerra? ha permitido a sus intérpretes explorar su realidad, la propia y la de sus familias, discernir todos los sentimientos contradictorios que conlleva el internamiento y crear un lugar seguro en el que expresarse y jugar. Por otro, la pieza constituye un ejercicio artístico de primer orden, disfrutable e intenso para el espectador, que se siente no solo interpelado sino cómplice de la realidad de los internos, una realidad que, conozcas o no de antes, apruebes o no, no te puede dejar indiferente, y menos aún en esos términos. Un montaje que supone una auténtica montaña rusa emocional, que te lleva de la risa, al llanto y a la reflexión con suavidad e inteligencia.

            Si alguna vez hubiera tenido alguna duda sobre la utilidad del teatro en un contexto así (que no la tenía) se habría disipado al instante. En un lugar donde lo que más desaparece es la autonomía (una visita me bastó para entender que a los internos no se les permite tomar demasiadas decisiones), el teatro es una ventana, un soplo de aire fresco, un espacio de libertad, exploración y autoconocimiento, un laboratorio. 

            Me encantaría que este trabajo saliera de los muros de Brians 2 y pudiera ser compartido con más gente de afuera. Sé que es difícil (burocracia, permisos penitenciarios y no sé cuantas cosas más), pero también creo que es necesario. Ojalá sea posible.

(Un cop més, gràcies infinites, Xantal, per convidar-me. Va ser tot un privilegi.)

Lisístrata. De qui és la guerra?
Una obra de Sota Mínims Teatre a partir de Lisístrata de Aristófanes, de nuestras vidas reales y la colaboración especial de Pilar y María del Carmen. Autoría: Sota Mínims Teatre. Intérpretes: José, Luís, Chema, Willian, Miguel, Xantal, Andrés, Sergio y Luigi. Dirección: Xantal. Edición y montaje audiovisual: Erik. Diseño de luces: Peter y Steven. Técnica: Jonathan, Erik, Maria, Steven, Peter, Jordi, Moisés. Diseño escenografía: Montse, Curro, Teresa, Ángela y Xantal. Construcción escenografía: Curro, Montse, Andrés, Chema, Luigi, Willian, Jose, Sergio, David, Jordi, Jose Miguel, Manuel Enrique.
Sala: Sala de teatre del Centre Penitenciari Brians II. Fecha: 01/09/2019. Imagen: fotografía del programa de mano, he difuminado los rostros de los internos para proteger su intimidad.

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