Los niños oscuros de Morelia

La guerra civil española, como todas las guerras, es un pozo sin fondo de historias horribles, bajeza moral, miseria, desgracias y tragedias. La historia de los niños de Morelia es una más.

Los niños oscuros de Morelia parte de un hecho real para hacer un retrato sentimental de una época y una generación. En mayo de 1937, un grupo de 456 menores de edad fueron embarcados (sin sus padres) rumbo a México. En principio, la idea era alejar a aquellos niños de los rigores de la guerra y mantenerlos a salvo unos meses hasta que el bando republicano ganara y pudieran reunirse con sus padres. Sobra decir que nada de aquello sucedió y la victoria fascista seguida del estallido de la Guerra Mundial hizo que muchos de aquellos niños no regresaran jamás del exilio.

El montaje se centra, sin embargo, en el viaje, que Albert Tola, autor del texto, usa como metáfora del descenso a los infiernos que supone vivir una guerra. Dos niños, ya algo creciditos (el propio texto habla de adolescentes que se “colaron” en el barco a Morelia) juegan a exorcizar lo que han vivido en un ejercicio macabro que busca una redención imposible por unos pecados no cometidos.

El texto despliega en todo momento una gran poética y busca una perfección de formas que, en algunos momentos, juega a la contra de su teatralidad, ya que los excesos formales lo hacen, quizá, más adecuado para ser leído que dicho y cubren el montaje de una ligera capa de artificialidad que contrasta duramente con la idea central de los niños que juegan. También afecta esto en parte al ritmo, ya que el texto se recrea en ocasiones en exceso en sí mismo, olvidando que, como todo texto dramático, está al servicio de una historia.

La puesta en escena es sencilla pero muy trabajada, con un uso interesante de la escenografía, presidida por una bañera metálica que se convertirá en barco, en cama, en confesionario, en ataúd… Rodrigo García Olza y Lluís Marquès interpretan con solvencia a los dos niños, que se aman (en todos lo sentidos de este verbo) y se odian en igual medida, que viven con desasosiego similar el destino al que se han visto empujados por una situación que ni entienden ni comparten.

Los niños oscuros de Morelia nos recuerda el horror de los pequeños crímenes que se cometen en las guerras. Esos crímenes sin autor, contextuales, inevitables, que no contribuyen ni a la victoria ni a derrota, solo a la fractura del alma de quienes los sufren. Un viaje a los infiernos pasados que aún sirven para explicar los presentes.

 

Los niños oscuros de Morelia

Cia Nigredo. Autoría: Albert Tola. Dirección: Elena Fortuny. Intérpretes: Rodrigo García Olza y Lluís Marquès. Escenografía y vestuario: Meritxell Muñoz y Elena Fortuny. Iluminación: Sylvia Kuchinow. Espacio sonoro: Roger Julià y Elena Fortuny. Técnico: Raúl Prados.

Sala: Teatre Tantarantana. Fecha: 09/01/2019.