Mili KK

Tengo 37 años y no conozco a nadie más o menos de mi generación que haya hecho la mili. Eso es, en el fondo, porque en los últimos años, entre las prórrogas por estudios, el número exagerado de objetores que hacía que no hubiera suficientes lugares para hacer la prestación social substitutoria y una opinión pública cada vez más contraria a que los hombres tuvieran que perder casi un año de su vida en cuarteles de todo el territorio aprendiendo a manejar armas pero, sobre todo, las leyes no escritas de la masculinidad tóxica, la mayoría de la gente se libró. Sin embargo, este “servicio a la patria” no se abolió por ley hasta 2001, y el camino que nos condujo hasta él fue mucho más largo y tortuoso de lo que algunos (por jóvenes o por desinformados) podríamos pensar.

Pero, una vez más, el teatro documental viene a sacarnos del olvido/desconocimiento y a poner sobre la mesa una historia reciente que, visto lo visto, no deberíamos pasar por alto en ningún caso. En Mili KK, Jumon Erra y Marc Angelet se remontan a 1971 (aún en plena dictadura franquista) para narrarnos la historia de un final que empezó como una reivindicación del derecho a la objeción de consciencia, liderado por Pepe Beunza, que fue evolucionando con los años hasta convertirse en un movimiento pacifista y antibelicista y acabó siendo una prueba palpalble de la fuerza que tiene la desobediencia civil y la oposición no violenta a la hora de cambiar el sistema. De hecho, es Pepe Beunza y su discurso el punto de origen y final de una pieza que explota a fondo la potencia del teatro para poner sobre la mesa hechos, datos y reflexiones.

Sobre una escenografía prácticamente inexistente, y con la ayuda puntual de proyecciones, tres intérpretes se ponen al servicio de una dramaturgia muy documentada, estructurada en forma de relato lineal, cuyo acierto consiste en no limitarse a reproducir testimonios literales o a narrar una consecución de hechos, sino a dramatizar los episodios claves de la historia. Desde las reuniones clandestinas de los primeros objectores en Hospitalet de Llobregat hasta las asambleas multitudinarias de los grupos que exigían la regulación de la objeción de consciencia; desde las reuniones de preparación para entrar a prisión de los insumisos hasta la entrada misma en la cárcel de estos. Siempre con el máximo respeto a los hechos y a sus protagonistas, con un sentido del ritmo y la verosimilitud precisos y sin dejar nunca de lado al público, que está en todo momento integrado en un relato al que no asiste como mero observador.

En escena tres intérpretes: Francesc Cuéllar, Rafa Delacroix y Alberto Lozano. Los dos primeros con una edad/apariencia similar a la de los “quintos” a los que les tocaba ir a la mili y el último con una edad/apariencia más madura, necesaria para poner sobre el escenario la memoria siempre presente en el relato. Los tres capaces de hacer de todo, desde interpretar letras del punk más combativo, y hacernos creer que estamos en pleno concierto en el bar más cutre de un casco viejo cualquiera; hasta desnudarse para un cacheo o mostrarnos la relativa ingenuidad que impulsaba a los primeros objetores. Gran trabajo.

Mili KK, que forma parte del ciclo de teatro verbatim coordinado por Ferran Joanmiquel que empezó a finales de la temporada pasada en La Seca (con El color de la llum y No m’oblideu mai), donde se verá en el mes de mayo esta pieza después de su estreno en Temporada Alta, nos recuerda que la lucha social, a veces, consigue cambios, pero que para ello hace falta mucha gente, mucha resistencia y un objetivo claro. En este caso existió y, en menos de 30 años desde la primera acción de Pepe Beunza, se logró acabar con el servicio militar obligatorio en España (cuatro días en términos históricos). Sin embargo, una vez lograda la hazaña, esta historia, que se saldó con más de 1000 años de prisión cumplida entre todos los activistas encarcelados, cayó prácticamente en el olvido. Qué acierto, por tanto, que el buen teatro venga a recordárnoslo.

Mili KK
Dramatúrgia: Jumon Erra i Marc Angelet. Direcció: Marc Angelet. Intèrprets: Francesc Cuéllar, Rafa Delacroix i Alberto Lozano. Il·luminació i so: Lluís Robirola. Vídeo: Alejo Levis. Assessorament escenogràfic: Anna Tantull. Ajudant de direcció i regidoria: Cris Valdés. Coordinació del cicle Verbatim: Ferran Joanmiquel. Producció: Mithistòrima Produccions, SL / Sala La Planeta. Coproducció: Temporada Alta. Amb el suport de: ICEC, Ajuntament de Girona i Diputació de Girona. Amb la col·laboració de: Fàbrica de creació La Seca – Espai Brossa.
Sala: Sala La Planeta. Data: 02/12/2018. Fotografia: (c) Alejo Levis.

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