Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano - Teatre Romea - (c) David Ruano

Entiendo la vigencia de Sócrates. Entiendo que una figura capaz de sacrificar la propia vida por respeto a las instituciones es digna de todo nuestro respeto, especialmente en los tiempos que corren. Alguien tan justo y honesto que provoca asombro y profunda admiración. Sin embargo, cuando voy al teatro busco emociones y, por desgracia, el Sócrates del Romea anda un poco escaso de esto último.

Si hay un adjetivo para describir Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano es fría. Ni un reparto de lujo comprometido con el montaje es capaz de elevar al texto por encima de su inherente frialdad. Ni siquiera la escena de Amparo Pamplona interpretando a la esposa de Sócrates y hablando de su cotidianidad humaniza a un personaje que, en esta obra, se nos presenta lejano, tan por encima del bien y del mal, tan justo, tan honesto, que no tiene nada en común con nosotros, pobres mortales.

Un escenario desnudo (la poca escenografía estaba claramente pensada para el espectacular teatro romano de Mérida), unas luces azul glaciar y unas sencillas túnicas blancas acababan de rematar la sensación de que lo que ocurría sobre el escenario era algo lejano. Muy lejano. El texto, excesivamente didáctico y casi académico, tampoco contribuía a matizar esa sensación.

Sócrates me dejó impasible. No logré emocionarme, ni empatizar con el hombre, ni siquiera admirar la figura del filósofo. Esperaba mucho más de un montaje con tanto talento dentro y fuera del escenario.

Una lástima.

 

Sócrates. Juicio y muerte de un ciudadano – Autor:  Mario Gas y Alberto Iglesias. Director: Mario Gas. Reparto: Josep Maria Pou, Borja Espinosa, Carles Canut, Guillem Motos, Amparo Pamplona, Ramon Pujol i Pep Molina. Fecha: 17/07/15. Sala: Teatre Romea. Fotografia: (c) David Ruano.