El género. Menudo melón. Llegados a este punto de mi vida puedo decir que casi envidio a las personas que no se han sentado nunca a dedicarle ni medio minuto de su tiempo a pensar en este tema, porque es complejo, está lleno de aristas y matices, es tan personal como universal y la ausencia de certezas al respecto es innegablemente incómoda. Supongo que esto último es el motivo por el cual, demasiado a menudo, las personas cis nos convertimos en agentes fiscalizadores de las realidades trans, a quienes exigimos explicaciones y certezas que no seríamos capaces aportar si el objeto de escrutinio fuéramos nosotras. E incluso cuando no fiscalizamos, sí que acabamos suplicando, exigiendo, que las personas trans se conviertan en nuestras maestras y nos expliquen de una forma meridianamente clara qué hay de lo suyo (y de lo nuestro). Como si ser trans las obligara a ser también activistas y divulgadoras (como nos pasa a menudo a las feministas, por cierto, pero multiplicado a la enésima potencia).
Todo esto para decir que No gender es una pieza de reflexión autobiográfica sobre el género que no hace didáctica, ni lo pretende y que, precisamente por eso, logra algo especialmente difícil en estos casos: ponernos frente a un espejo tan crudo como compasivo.
Odín Maldonado protagoniza una pieza que combina danza y texto para construir el relato de una búsqueda, la de su identidad y su forma de habitar el mundo, que, simplificando muchísimo, pasa por la transición de género y la decisión de usar testosterona para modificar su cuerpo. El texto narra el proceso con sencillez y crudeza, reconociendo las dificultades y las dudas, el dolor, la euforia y los problemas más prácticos, abordando el tema con sinceridad y, al mismo tiempo, profundizando en las reacciones de su entorno, desde los especialistas sanitarios, a los amigos íntimos, que, a veces por desconocimiento y otras creyendo que están siendo empáticos o incluso comportándose como aliados, se extralimitan, cuestionan, dificultan el proceso e incluso hacen daño. Y lo más interesante es que esto último no se nos explica, se nos muestra. Odín no tiene que decirnos que estas personas están, en el mejor de los casos, metiendo la pata, sino que somos nosotres quienes lo vemos claramente, lo que nos obliga a plantearnos qué habríamos dicho (o qué hemos dicho) en una situación parecida.
Y luego está el carisma y la fuerza interpretativa de Odín, que se deja el cuerpo y el alma en los poco más de 70 minutos que dura la pieza y no solo nos regala una buena cantidad de reflexiones que llevarnos a casa, sino también momentos de una gran belleza plástica.
Con dirección y coreografías de Ferran Carvajal, y dramaturgia de Salvador S. Sánchez, otro elemento clave de la pieza es la magnífica iluminación de Samuel Silva, que baila con Odín, crea espacios y prisiones, y proporciona la atmósfera ideal para cada una de las escenas.
No gender es un viaje, no un destino. Un montaje que plantea muchas preguntas y da pocas respuestas, porque de lo que habla en realidad es del derecho a existir sin dar explicaciones. Una pieza que nos recuerda que en esta vida no tenemos por qué entenderlo todo, y que la empatía debería ir siempre por delante. Odín nos pide al final de la obra que al salir no pensemos tanto en su historia como en nosotres. Conmigo lo ha conseguido. Gracias.
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No gender
Idea original: Odin Maldonado. Dirección y coreografía: Ferran Carvajal. Dramaturgia: Salvador S. Sánchez. Textos: Odin Maldonado y Salvador S. Sánchez. Diseño de iluminación: Samuel Silva. Música original: Bastian Iglesias y Odin Maldonado. Vestuario: Merlacostu. Caracterización: Jorge Padial – J Peluquería. Dirección de producción: Praxis/Ágora. Karina Garantivá. Una coproducción de Teatros del Canal con el apoyo del Ayuntamiento de Madrid.
Fecha: 18/09/2026. Sala: Baixos Teatre Tantarantana. Fotografía: (c) Tetyana Netsvetaylova.